El juego simbólico o juego de ficción (“hacer como si”) es el tipo de juego característico del niño de este ciclo. Depende de la posibilidad de sustituir y representar una situación vívida en otra supuesta. Por ejemplo, hacer “como si” comiera, pero utilizando un palito. Constituye una asimilación deformante de la realidad. A diferencia de la representación adaptada, que supone un equilibrio entre asimilación y acomodación.

En efecto, el niño se ve continuamente obligado a adaptarse al mundo social de los adultos y a un mundo físico que todavía no comprende bien. Por consiguiente, no llega a satisfacer las necesidades afectivas e intelectuales de su yo en esas adaptaciones, como lo hace el adulto. Resulta indispensable, entonces, para su equilibrio emocional, contar con un tipo de actividad cuyo objeto no sea la adaptación a lo real sino, por el contrario, la asimilación de lo real al yo.

Esta función la cumple el juego simbólico, que transforma lo real, por asimilación casi pura, a las necesidades del yo.

El juego simbólico o juego de ficción

En los primeros juegos simbólicos, puede observarse que el niño:

  • Ejerce simbólicamente sus acciones habituales (por ejemplo: hacer “como si” tomara la sopa, etc.)
  • Atribuye a los otros y a las cosas eso mismos esquemas de conducta (por ejemplo:”hacer dormir” a su osito, etc.)

Más tarde, aplica en forma simbólica esquemas que no pertenecen a la acción propia, sino que han sido tomados por imitación de otros modelos (el papá, la mamá, la maestra, etc.). Por ejemplo, hace “como si” arreglara el auto, se pintara los labios, hablara por teléfono.

El niño practica esos juegos por el placer de ejercer sus poderes y revivir sus experiencias. Son un modelo de expresión y afirmación del yo.

A veces, pueden tener el carácter de compensación, cuando se quiere corregir la realidad. Por ejemplo, un niño tiene prohibido comer chocolate porque le hace mal; entonces le dice a su muñeca que no coma, que podrá enfermarse.

El juego simbólico o juego de ficción

El juego también puede convertirse en “catarsis”, una forma de reaccionar contra el miedo que una situación le provoca. Por ejemplo, tiene temor de acercarse a un perro. Entonces juega a que lo acaricia, que lo lleva a pasear, etc.

Así pues, como padres y maestros hay que fomentar por todos los medios posibles este tipo de juego en los niños, jugando con ellos y comprándoles o fabricando juguetes que potencien el juego simbólico, tan importante para su maduración personal.

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