Al menos una hora antes de ir a dormir. Las actividades más excitantes deben acabar y dejar paso o a otras más relajadas.

La televisión, por supuesto, debe apagarse, ya que representa un estímulo muy importante para el pequeño/a. Si el niño/a va a dormir inmediatamente después de ver la tele, incluso las imágenes más inofensivas pueden alterarle o convertirse en pesadillas.

Si es mayorcito, el niño/a puede escoger el pijama que más le guste.
  • Después, hay que acompañarle al niño/a a su habitación a pintar, jugar a juegos tranquilos. Este momento es una ocasión ideal para pasar tiempo “de calidad” con el pequeño, compartiendo con él actividades que le gustan.
  • El ambiente, en general, debe ser muy relajado: la luz debe ser más tenue de lo normal, las voces de los papás más pausadas y de un volumen más bajo; incluso, puede escucharse música relajante.

Esta atmósfera de tranquilidad avisa al pequeño de que se acerca el momento de descanso.

  • Llega la hora de llevar al niño/a a la cama. Con una luz muy suave (una lamparita, por ejemplo), se le puede cantar una canción tranquila, leerle un cuento o, simplemente, hablarle tranquilamente, dejando que el sueño llegue de manera natural.
  • Hay que arroparle con dulzura y darle un juguete blandito que le guste, le hará sentirse más seguro, y..¡dulces sueños!